Cada vez más empresas de servicios B2B se trasladan a un coworking en lugar de alquilar una pequeña oficina. Una decisión con la que no solo abaratan costes, sino que también cuidan el planeta.
Un coworking es un espacio de trabajo compartido. Establecimientos donde trabajadores freelancers y profesionales comparten un espacio físico y toda la infraestructura necesaria para realizar su actividad: conexión a wifi, impresión de documentos, recepción de paquetería… Estos locales ofrecen a sus clientes el alquiler de despachos y salas de reunión, lo que los convierte en un lugar idóneo para empresas que prestan servicios a otras empresas (consultorías, agencias de marketing, estudios de diseño digital, etc.) Ya que gran parte de la comunicación que mantienen con su clientela, la realizan de manera digital.
Los coworkings han dejado de ser un espacio exclusivo para freelancers, que es como se entendía hasta hace poco, para convertirse en una opción interesante para localizar allí el trabajo de una pequeña empresa.
Así nos lo cuenta Valentina, que trabaja en una empresa de servicios digitales de Barcelona y donde los socios y compañeros se trasladaron a trabajar a Mitre, 126 Workspace, un coworking ubicado en el área empresarial que se encuentra por encima de la Avenida Diagonal de Barcelona, entre los barrios de Sant Gervasi y Sarriá. Allí trabajan todos juntos, y como dice Valentina, “no tienen que preocuparse de nada, ya que todo está listo para trabajar sin problemas.”
La localización es otro de los atractivos que hacen que algunas empresas se trasladen a estos lugares. Muchos coworkings ofrecen la opción a sus clientes de que utilicen la dirección del local como sede comercial de sus empresas y que puedan recibir allí la correspondencia y la paquetería.
Así me lo comentó un día Pedro, un informático de Badalona que tiene alojada su oficina virtual en un coworking. “No es lo mismo que digas a tus clientes que la dirección de tu empresa está en el centro de Barcelona a que utilices la dirección de tu casa. No da un aspecto profesional.”
Son varios los beneficios que ofrecen los coworkings a las empresas. Entre ellos, nos vamos a centrar en dos: El ahorro económico y la responsabilidad medioambiental.
Un ahorro indiscutible.
Comparar el coste de un espacio de coworking con el de una oficina tradicional deja claro por qué tantas pequeñas empresas están optando por esta fórmula. En ciudades como Barcelona, acceder a un despacho de trabajo en un coworking céntrico puede costar entre 150 y 200 euros al mes, una cantidad difícil de igualar en el mercado de oficinas convencionales, donde es prácticamente imposible encontrar algo por debajo de 600 euros mensuales. La diferencia no solo se aprecia en el precio mensual, sino también en los gastos iniciales: mientras que un puesto en un coworking se paga únicamente por el mes entrante y viene listo para usar desde el primer día, alquilar una oficina implica afrontar costes que incluyen dos meses de fianza, un mes de agencia, el mes de entrada y la contratación de suministros como luz, agua e internet. Sumando estos conceptos, la inversión inicial puede superar fácilmente los 2.000 euros, una cifra significativa para autónomos y pequeñas empresas.
A estos ahorros directos se suma la flexibilidad operativa. Los coworkings suelen ofrecer acceso ampliado y horarios 24/7, lo que permite adaptar la jornada laboral a las necesidades reales de cada negocio. Además, ponen a disposición de los usuarios espacios compartidos que en una oficina privada supondría un coste adicional, como salas de reuniones, áreas para eventos o actividades internas, pequeños auditorios, servicios de recepción, gestión de llamadas, recogida de paquetería e incluso plazas de aparcamiento. Estos servicios, que en una oficina convencional habría que contratar por separado, están incluidos en la cuota mensual, lo que simplifica la gestión y reduce gastos adicionales.
La modalidad de oficina virtual añade una capa extra de ahorro al permitir domiciliar la empresa sin necesidad de utilizar físicamente el espacio, una ventaja especialmente útil para negocios que no requieren una presencia constante. Si consideramos que muchos coworkings ya incorporan internet de alta velocidad, limpieza, climatización y zonas comunes sin coste añadido, es evidente que este modelo reduce drásticamente los gastos fijos y elimina barreras económicas de entrada que pueden ser determinantes para pequeñas empresas que buscan crecer sin asumir demasiados riesgos financieros.
Los coworkings son sostenibles.
El otro aspecto que queremos resaltar es que los coworkings son sostenibles, benefician el medioambiente. La razón de ello es que comparten recursos, lo que representa un ahorro energético. Al compartir entre todos, la iluminación, la climatización, la conexión a internet y los servicios comunitarios como impresoras, fotocopiadoras, etc. se gasta menos energía que si cada empresa o profesional lo hiciera por su cuenta.
Con esto se reduce la emisión de gases a la atmósfera. No olvidemos que la producción de energía continúa siendo una de las actividades más contaminantes que existen. Se calcula que entre el 80 y 86% de la energía primaria que se consume en el mundo proviene de hidrocarburos.
Los coworkings son muy dados a fomentar prácticas respetuosas con el medioambiente. Utilizan sistemas de separación de residuos destinados al reciclaje y educan a sus clientes en usarlos de manera responsable. De esta forma contribuyen a fomentar una cultura ecológica.
El propio hecho de compartir espacio de trabajo con otros, te lleva a adquirir una conciencia colectiva y a no hacer según qué cosas que pudieran incomodar a tus compañeros. Esto incluye, por ejemplo, dejar basura en cualquier sitio o no reciclar el plástico, cuando los demás lo están haciendo.
La mayor parte de los coworkings están ubicados en zonas bien comunicadas de las ciudades. Lugares a los que puedes llegar con el transporte público. Una característica que reduce la huella de carbono. Es cierto que muchos usuarios llegan allí en su propio vehículo, pero es una decisión personal. No están obligados a hacerlo, cosa que sí sucedería si la empresa estuviera ubicada, por ejemplo, en un polígono industrial.
El coworking de las 1000 plantas.
Una noticia curiosa que nos ha llegado es la existencia en Lisboa de un coworking que en su interior alberga 1.000 plantas. Se llama Second Home y de él habla el periódico sobre arquitectura Ovacen.
Nos puede parecer un ejemplo desmesurado de compromiso con el planeta, pero lo cierto es que cada vez más centros de trabajo incorporan plantas en su decoración. Entre estos centros de trabajo se encuentran los coworking, que suelen mirar por procurar comodidad y bienestar a sus clientes.
Colocar plantas en el lugar de trabajo contribuye a crear un ambiente de relajación. Verse rodeado de vegetación, mejora el estado de ánimo de los trabajadores y reduce la sensación de cansancio. Una sensación fácil de sentir después de pasarse 8 horas seguidas delante de la pantalla de un ordenador.
Durante el día, las hojas de las plantas absorben dióxido de carbono y expulsan oxígeno, lo que contribuye a crear espacios más saludables. Las plantas, además, crean una barrera que amortigua el ruido de fondo y fomenta la concentración.
Decorar un lugar de trabajo con plantas lo transforma en un lugar agradable. Un detalle que hace más placentero el hecho de trabajar allí y que da una bonita bienvenida a clientes y colaboradores de los usuarios del coworking que es probable que en algún momento los reciban allí.
Todos los coworkings suelen tener una zona de descanso: un área de cafetería, una sala con sofás separada de las mesas de trabajo. En todas ellas solemos encontrar alguna que otra planta.
Acompañar a las empresas.
Catalina Opazo, que dirige una cadena de cuatro coworkings en Málaga, comenta a la revista Vida Económica, que una de las funciones de los coworkings es acompañar a las empresas. Es una actividad placentera, ya que los administradores y el personal del coworking ven como gracias a las facilidades que ofrecen a las empresas, ellas van creciendo.
“Muchas empresas llegan al coworking con equipos pequeños y crecen rápido. Nuestra clave ha sido estar con ellos” – afirma Catalina. El crecimiento de las empresas también obliga a que los coworkings se desarrollen. A que ofrezcan nuevos servicios, que demandan sus clientes en crecimiento, y a que amplíen sus instalaciones. Por ejemplo, que pasen a alquilar pequeños salones de actos, para celebrar eventos o a que oferten el servicio de oficina virtual, si antes no lo hacían.
El espíritu colaborativo con el que nació este tipo de establecimientos está implícito en su naturaleza.
Para una pequeña empresa recién creada, a veces, recurrir a un coworking no es una opción, sino una necesidad. El emprendedor, cuando empieza, está ilusionado con sus proyectos, pero hasta que el negocio empieza a dar rentabilidad, todo son gastos. Reducir los gastos fijos, recurriendo a una alternativa como el coworking, permite al emprendedor desarrollar su proyecto. Algo, que de otra manera, hubiera sido más difícil y, a veces, imposible.
Los coworkings están prendados de una filosofía de empresa networking que tiene repercusiones a nivel económico, ecológico y de desarrollo empresarial.



